Ser y siendo

Siento que hoy mi vida se transforma y, por fin, mis alas recuperan el vuelo.
No fue fácil, lo admito, el darme cuenta y decidirme.
Fui débil muchas veces y otras muy ingenua.
Creí fielmente en el destino y anhelaba ser sorprendida por él.

Sin embargo, hoy lo tengo un poco más claro:
el destino no es cuestión de magia, nada llega de la nada.
Hay que desafiarlo a diario, hay que desconcertarlo,
modificarle la ruta, la velocidad, multiplicar las metas.

Dejar de dudar, tomar decisiones, decretar y actuar.
Recobrar las energía perdidas y atreverse a caminar de nuevo.
Un paso a la vez, pero firme, sin titubeos.
No lamentarse más por lo que no fue y confiar en lo que será.

Hoy, sé lo que quiero, sé cual es mi objetivo.
No busco complacer a los demás, sólo a mí.
Quiero explorarme, retarme, enseñarme,
quiero aprovechar lo que soy, lo que tengo y lo que doy.

Quiero volar por mi mundo y embriagarme de soledad,
de compañía, de letras, de amor, de silencio y de música.
Hoy sé que soy la única persona responsable de mí,
de mis errores, de mis aciertos y de mis actos.

Ya me cansé de esperar mis sueños, voy por ellos, es el momento.
Tanto tiempo de indecisiones, miedos y frustraciones
los convertí en aprendizajes, experiencias y lecciones, pero no más.
El momento es ahora, está decidido, es mi momento y voy por él.

Velada perfecta


La noche, fiel testigo de nuestro ritual. Todo está dispuesto.
Sincronías nocturnas, encuentros causalmente furtivos,
posibilidades inconmensurables y excitantes con la luna de testigo.
Bocados de fantasía, refrigerios de deseo remojados en café.

Camina lentamente hacia mí, me susurra algo al oído y yo sonrío. 
Comenzamos a movernos a un ritmo lento, suave, cadencioso, etéreo.
Las palabras empiezan a salir como pequeñas notas multicolores que apenas puedo alcanzar. 

Una encaja aquí y otra allá, la melodía sigue y acelera el ritmo.
un, dos, tres, un, dos, tres, una línea de amor.
un, dos, tres, un, dos, tres, otra de desolación.
un, dos, tres,..ya me pisé…un, dos, tres, ya terminé.

Sueños, recuerdos, ilusiones, gritos silenciosos buscando un adjetivo.
Lágrimas, risas, memorias fotográficas buscando ser palabras.
Emociones contenidas, suspiros profundos buscando ser puntos suspensivos.

El alba se aproxima y el cantar de los pájaros anuncian el final de la velada.
Nos agradecemos mutuamente el maravilloso encuentro, me abrazo de su aroma
y con un «hasta pronto» nos despedimos para comenzar el día.
No sin antes darle “pausa” a la danza literaria y “guardar” al .docx.

Un sincero agradecimiento

A veces me da miedo mostrarme tal cual soy, decir lo que pienso o expresar lo que siento por miedo a ser vulnerable y recordar la inseguridad con la que he forjado mi carácter y mis relaciones sociales. Sin embargo, después de muchas reflexiones existencialistas, derivadas del encierro y de la realidad en la que estamos inmersos, tengo más claro que nunca lo efímera y frágil de la vida y que más vale dejar algo por escrito para compartirlo, para expresarme o, simplemente, como un mero recordatorio de mi propia existencia.

Es por ello quiero extender mis más profundo y sincero agradecimiento a todos aquellos que de alguna u otra forma, con intención o sin ella, me han lastimado, discriminado o me han dejado de lado.

Gracias a quienes amé profundamente y, sin pensarlo, me hicieron a un lado cuando ya no me necesitaban; gracias a quien me dio la espalda cuando pedía a gritos un cómplice, un compañero.

Gracias a los amigos y amigas que decían estimarme y me dejaron de hablar apenas dejé de ser «la novia de…»; gracias a quienes nunca me incluyeron en su grupo selecto de amigos, pero sí se incluyeron en el mío; gracias a quienes me buscaron sólo cuando necesitaban ser escuchados o escuchadas, para que les contara el chisme, pero no tienen suficientemente tiempo para escuchar de verdad. Gracias infinitas a los que «se apropiaron» de mis amistades y nunca me integraron al convite.

Gracias a quienes que me discriminaron por ser madre, por tener pareja o por no tenerla. Gracias a quienes que me discriminan por mi edad, por no estar delgada, por no ser tan ruda o tan fresa, por ser fiestera o por no serlo como lo dicta la etiqueta; Gracias a quienes me dejaron de hablar por no ser actriz, ni escritora, ni filósofa reconocida, ni madre modelo, ni ama de casa ejemplar, o por mi pensamiento político, religioso.

Gracias a quienes no estuvieron ahí cuando murió mi padre, a quienes hicieron como que no pasaba nada, a quienes negaron un abrazo de consuelo (cuando todavía podían darse) o un desahogo con una chela en mano.

Gracias a quienes me han discriminado por mis inseguridades, por mis miedos o por mi forma de concebir el mundo. Sé que no soy perfecta y seguramente no soy del agrado del mundo entero, pero nunca entenderé el por qué el rechazo, el desinterés o la doble cara de ciertas personas.

A todos aquellos y aquellos que me han criticado sin saber qué hay detrás de mis acciones, a los que no quisieron darse la oportunidad de conocerme, a todos los que me han apartado e ignorado, ¡gracias!, porque, a pesar de caer en un gran cliché o lugar común, es cierto, me han dado la fuerza necesaria para ser lo que soy ahora y me han dado todas las herramientas para reconstruirme en lo que quiero ser.

A todos ellos y ellas les agradezco infinitamente porque he podido valorar a los que sí han estado, están y estarán. A los que no me han soltado de la mano, con los que puedo contar a pesar de la distancia, a pesar del tiempo y de las circunstancias.

Cuando hablaba por teléfono con mi padre, era muy insistente en decirme: «Sigue adelante, te quiero libre», así que haciendo caso a su consejo hago este primer ejercicio de desahogo para darle vuelta a la página, dejar atrás el dolor y a las personas que no debo tener en mi vida y continuar con este viaje con un equipaje más liviano, más libre, más yo…

Tesis

¿Cuánto es si no es el todo, lo bastante? ¿Cuánto se encierra adentro y cuánto se cuela libre? Es, sin duda, el saberlo lo que anhelo, lo que pienso. Encontrar, de alguna manera, el por qué, el qué o el quién. Aunque, a decir verdad, todo se reduce al cómo se mide, cómo se explica, cómo se piensa, cómo se siente.

Vías alternas albergan al universo lleno de ideas, de formas y de tiempos. Espacios para ser y estar. ¿A cuál vía dirigirse? ¿Mejor sería no dirigirse a ninguna o ambas, o mezclarlas ¿Por qué limitarse?

Debido a las leyes morales y lógicas debe hacerse de cierta forma ¿Y si no? ¿Qué vale más? ¿Ser un hipócrita único o un hipócrita temeroso? De pronto parece difícil encontrar respuestas, ya que, aunque no mientas, mientes, aunque hagas algo piensas en hacer otra cosa, aunque sonrías tienes sentimientos de tristeza y melancolía. ¿A qué nos lleva todo esto?

Todos ocultamos una parte, «la otra vía de nosotros mismos». El yo limitado, mediocre, se conforma con mostrar una parte y el resto lo esconde, mas no lo desecha. Vías alternas, vías contrarias y, sin exteriorizarlo, no nos atrevemos a tomar una sola, siempre van las dos: una a la luz, otra a la sombra.

El poeta frustrado que trabaja como abogado se limita a escribir sus versos por las noches; la madre modelo y paciente que pide a gritos ahogados salir corriendo y poder estar a solas; el líder, inspirador de ideas que se escuda tras el silencio de la introversión; el estudiante modelo que en realidad desea huir y olvidarse de todo lo que sabe…

Muchas veces es así, las vías se encuentran, chocan entre sí y se estrellan contra la realidad, pero basta tomar un poco de fuerza para volver a lo que se es y lo que sólo nosotros conocemos queda guardado de nuevo.

¿Quién será tan firme para decidirse por un solo camino y ser completamente congruente en su vivir? ¿Quién sostiene su verdad y la enfrenta ante el mundo? Es quizá lo que se tiene por dentro y por fuera lo que nos forma realmente y no nada más las vivencias, los hechos, sino conjuntados con los sueños, las ideas, los ideales.

Quizá sea así, o quizá sólo sea yo, la fantástica estúpida pensando en «todos» cuando, en realidad, sólo pienso en mí, pues yo me conozco, o al menos lo intento. Conozco mis dos vías: la que muestro, la que escondo; sin embargo, no conozco la otra vía de nadie, a pesar de creer conocer a las personas. Pienso en lo relativo del conocimiento humano social, es incierto, meramente subjetivo y, en muchas ocasiones, falso.

¿Qué hay detrás de cada uno? ¿Cuáles serán sus vías? ¿Cuál deciden mostrar y cuál esconden? Resulta absurdo el cuestionarlo y, sin embargo, me resulta sumamente interesante siquiera pensar en la posibilidad de la certeza de este hecho.